Eucariotas extremófilos: el oxígeno

Un sistema de adaptación que los eucariotes utilizan con gran habilidad es el de aprovecharse a fondo de las habilidades de otros organismos. El origen endosimbiótico de las mitocondrias (Margulis, 1970) es probablemente el ejemplo mejor conocido (que se hace posible por la habilidad para la fagocitosis y el compartimentalismo de la actividad celular).

Siguiendo este camino los diversos linajes de eucariotas han podido adaptarse rápidamente a los nuevos desafíos medioambientales y a las oportunidades de colonizar incluso hábitats extremos. Un buen ejemplo de adaptación a hábitats anaerobios podemos encontrarlo entre los ciliados. Generalmente se considera a los ciliados de vida libre como aerobios y totalmente dependientes de la respiración mitocondrial para la obtención de energía. Sin embargo, hemos encontrado linajes que han colonizado hábitats anaerobios en los que el papel de las mitocondrias ha sido reemplazado por la hidrogenosoma. Estos ciliados anaerobios obligados carecen de mitocondrias.

Estos ciliados anaerobios no están filogenéticamente relacionados lo que implica que el proceso que permitió su adaptación no era raro (difícil), y, dado que presentan fuertes vínculos morfológicos con sus parientes aerobios, implica también que el proceso fue reciente.

Hay un buen número de eucariotas anaerobios, particularmente entre las levaduras, pero también otros tipos de protistas. Tal vez el mejor ejemplo lo tenemos ente los microorganismos del rumen

Por el momento, no conocemos ningún fotótrofo anaerobio eucariota (es decir capaz de fotosíntesis anoxigénica).