SIDA y VIH
A
finales de los años 70, se comunicó la aparición en hospitales
de S. Francisco y New York, de varios casos de pacientes jóvenes, previamente
sanos, que padecían infecciones oportunistas o tumores que hasta entonces
sólo se habían descrito en pacientes transplantados o neoplásicos
con tratamiento inmunosupresor. Se trataba, en general, de varones homosexuales
o adictos a heroina con infecciones pulmonares por P.
carinii o Sarcoma de Kaposi, que presentaban una profunda depresión
de la inmunidad celular y seguían una evolución fatal en un período
de meses. Los estudios inmunológicos y exámenes necrópsicos
no pudieron demostrar ninguna causa de inmunodeficiencia.
En 1981, el Centro para el Control de las Enfermedades (CDC) de los USA, con la recopilación de los casos comunicados, alertó de la aparición de un proceso inmunodepresor de etiología desconocida al que se denominó Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA). Se definió inicialmente como caso de SIDA al paciente que presentaba una enfermedad diagnosticada de forma fiable, al menos moderadamente indicativa de déficit de inmunidad celular subyacente (p. ej. Sarcoma de Kaposi en paciente menor de 60 años o infección oportunista) para la que no podía encontrarse ningún proceso conocido que explicara la depresión inmunológica.
En los años siguientes se constató el aumento
progresivo del número de casos y la aparición en otras regiones
de USA, Europa, América y Africa.
También se comunicó la aparición de casos en hemofílicos
que recibían preparados de factor VIII, en transfundidos, en hijos de
madres enfermas de SIDA y en heterosexuales sin ninguno de estos antecedentes.
Los
estudios clínicos comunicaron la observación de pacientes con
antecedentes de riesgo, sin infecciones oportunistas o tumores, que presentaban
un cuadro de adenopatía generalizada histológicamente benigna,
que se denominó linfadenopatía generalizada persistente (LGP)
y que se definió como la presencia de adenopatías de más
de 1 cm de diámetro en dos o más cadenas extrainguinales no contiguas,
que persistían por más de 3 meses y no explicadas por otras causas.
Así mismo se acuñó el término Complejo Relacionado
con el SIDA (CRS) para definir el cuadro clínico y analítico que
presentaban algunos pacientes con antecedentes de riesgo pero sin infección
oportunista ni tumores. La extensión progresiva de la enfermedad, su
distribución geográfica y los antecedentes epidemiológicos
de los pacientes llevaron a sospechar la etiología infecciosa como causa
del proceso.
Se llegó también a la conclusión de que la enfermedad podía transmitirse por contacto sexual, por inyección de sangre o derivados y por vía transplacentaria. Estas características epidemiológicas y el deficit de inmunidad, debido a disminución selectiva de linfocitos T4 (inductores), encauzó la investigación a la búsqueda de un retrovirus como causante de todo el proceso infeccioso.
En 1983 se descubrió el VIH (Virus de la Inmunodeficiencia Humana) y, posteriormente, se demostró que el 97% de los pacientes con SIDA tenían anticuerpos séricos circulantes contra este virus. Se llegó finalmente a la conclusión de que el VIH es la causa de SIDA.