Citomegalovirus (CMV)

El CMV es un virus perteneciente a la familia Herpesviridae, que incluye el virus de Epstein-Barr, el virus de Herpes Simple y el virus de la Varicela Zoster.

Las partículas completas de CMV miden unos 110 µm de diámetro y están formadas por un centro que contiene ADN de doble cadena, una cápside icosaédrica de 162 capsómeras y una envoltura lipídica que la rodea.

Los rasgos de microscopía electrónica de CMV incluyen viriones morfológicamente indistinguibles de los otros herpesviridae, una gran proporción de partículas virósicas defectuosas y la presencia de partículas esféricas llamadas cuerpos densos.

En cultivos celulares, las partículas víricas se forman en el núcleo de la célula huésped, dentro o junto al cuerpo de inclusión, y adquieren su envoltura de la membrana nuclear al pasar al citoplasma, en donde, los agregados víricos forman las inclusiones intracitoplasmáticas que pueden apreciarse con el microscopio de luz.

El CMV produce un efecto citopático muy característico en fibroblastos humanos. La infección produce una secuencia de cambios morfológicos que comienzan con la contracción celular y siguen con la aparición de inclusiones intranucleares y citoplasmáticas y el agrandamiento de algunas células individuales que tienden a agruparse y, posteriormente, a fusionarse dando lugar a células gigantes típicas.

Se han usado técnicas virológicas moleculares para estudiar variaciones en cepas de CMV. Estas cepas están estrechamente relacionadas entre sí, más que los tipos 1 y 2 del virus del Herpes Simple.

El CMV es inactivado por numerosos tratamientos físicos y químicos, incluyendo calor (56°C durante 30 min), bajo pH, éter y ciclos de congelación y descongelación (se supone que el CMV únicamente conserva su poder infeccioso por congelación a -80ºC).

El Citomegalovirus es uno de los parásitos humanos más eficientes que se conocen. Una vez que infecta a una persona, y tras un período de replicación, integra su propio genoma en el de la célula huésped, quedando en estado latente durante toda la vida del individuo. Produce, generalmente, infección asintomática, por lo que no se puede considerar sinónimo enfermedad e infección. Al ser un oportunista, la reactivación puede coincidir con un estado debilitado del enfermo.

La infección primaria provoca normalmente la aparición de anticuerpos específicos anti-CMV que, aunque en cantidad variable, permanecen de por vida. Sin embargo, como se demuestra en los fenómenos de reactivación y viremia, la presencia de anticuerpos resulta insuficiente para impedir la multiplicación vírica, incluso con niveles séricos adecuados de los mismos.

Los estudios realizados en casos de niños con infección congénita y en inmunodeprimidos demuestran una afección específica de la inmunidad celular, lo que hace pensar en el papel primordial que ésta ocupa en el control de las infecciones por CMV.

Las infecciones por CMV son muy comunes y generalmente asintomáticas. Afectan a un 60-80% de los individuos en paises desarrollados y hasta un 100% de la población de paises subdesarrollados y de las capas económicamente más bajas de los propios paises desarrollados.
Estas infecciones pueden clasificarse en adquiridas antes del nacimiento (congénitas), en el momento del parto (perinatales) o más tarde (posnatales).

Se transmite probablemente por contacto directo a través de saliva, orina u otras secreciones corporales. También puede transmitirse por medio de transfusiones sanguíneas y trasplante de órganos. La infección congénita por CMV es la más peligrosa y la más frecuente de las infecciones intrauterinas conocidas. El mayor peligro parece corresponder a niños nacidos de madres que sufren la primoinfección durante el embarazo.
Además, en contra de lo que sucede en el caso de la Rubeola, la infección en una madre que ya posee anticuerpos específicos, no siempre protege al feto.

En individuos sanos, la infección posnatal por CMV suele ser asintomática, siendo la forma clínica más habitual y mejor conocida la Mononucleosis por Citomegalovirus. La infección se caracteriza por un cuadro febril agudo (hasta 41°C) y prolongado (hasta 6-8 semanas), constatándose regularmente afección hepática.

Algunas complicaciones que aparecen en el curso de la infección son: anemia hemolítica, púrpura trombocitopénica, miocarditis, neumonitis intersticial, conjuntivitis, artralgias y síndrome de Guillain-Barré.

Las infecciones por CMV son frecuentes y ocasionalmente severas en niños o adultos con defectos congénitos o adquiridos de inmunidad celular, esto incluye a los pacientes con SIDA, con cáncer (particularmente leucemia y linfoma) y a los receptores de trasplantes de órganos.

Aunque la infección por CMV puede ser frecuentemente asintomática en los paciente inmunodeprimidos, la Mononucleosis febril es el cuadro clínico más frecuente y mejor conocido. La neumonía intersticial le sigue en frecuencia. Es también frecuente y altamente peligrosa la coexistencia con otros agentes oportunistas pulmonares (por ejemplo Pneumocystis carinii).

Según opinión de los expertos reunidos en el III Congreso de Virología celebrado en 1992 en el hospital Vall d'Hebrón de Barcelona, "la prevalencia de infecciones por CMV en pacientes de Sida, se sitúa entre el 20 y el 40%, siendo la manifestación clínica más frecuente de esta infección la retinitis, que se presenta entre el 70 y el 80% de los infectados y puede causar la ceguera en sólo unas semanas ... El CMV también puede ocasionar infecciones gastrointestinales y afecciones pulmonares en un 10% de estos pacientes".

Los datos presentados por los científicos reunidos en este III Congreso de Virología indican también que "entre el 50 y el 60% de los receptores de transplante hepático y entre el 5 y el 10% de los de transplante renal, sufre alguna vez, infección por CMV. También son frecuentes este tipo de infecciones en receptores de transplante de pulmón, corazón y médula ósea".

Las transfusiones de sangre realizadas durante el transplante y el propio órgano transplantado, son evidentemente las dos principales fuentes de transmisión del virus. La tercera causa que facilita la infección por CMV, es sin duda el tratamiento inmunodepresor utilizado rutinariamente en estos pacientes transplantados.