2.2. Enfermedades infecciosas
En el comienzo de la medicina interna, una buena parte de su práctica hacía referencia a enfermedades infecciosas y procesos agudos microbianos. En la última parte del siglo XIX casi todos los médicos y profesores pioneros de la medicina interna eran verdaderos generalistas; existían pocas excepciones, médicos que limitaban su práctica a la dermatología, neurología o tuberculosis.
Desde la historia más temprana hasta el siglo presente, las enfermedades infecciosas fueron las causas líderes de morbilidad y mortalidad: enfermedades contagiosas más comunes y enfermedades diarreicas, sífilis, tuberculosis, sepsis puerperal, neumonía, malaria y otras enfermedades tropicales o procesos supurativos. En los años recientes, en los países desarrollados han disminuido su incidencia muchas de esas enfermedades. Como consecuencia de ello el tiempo medio de vida se ha prolongado de 45 a 75 años. En consecuencia, una buena parte de la práctica de la medicina interna hoy afecta a procesos crónicos y degenerativos que aumentan con la edad.
En la segunda mitad del siglo XX, se ha desarrollado una tendencia mundial a organizar los departamentos de medicina en divisiones de especialidades. Profesores clínicos de las Universidades vinieron pronto a ser considerados en la práctica privada como especialistas. El crecimiento de los conocimientos y la complejidad de la tecnología diagnóstica y terapéutica en enfermedades infecciosas condicionó la aparición de esta especialización dentro de la medicina interna. En muchos centros aparecieron programas de formación de residencia en patología infecciosa en conexión con el departamento de medicina interna y microbiología. La práctica de las enfermedades infecciosas está fundamentalmente, aunque no exclusivamente, basada en el Hospital.
La patología infecciosa constituye una parte muy importante de la práctica médica. La infección por el virus de la inmunodeficiencia humana, la implantación de materiales extraños, la colocación de catéteres permanentes, el mayor desarrollo y agresividad de las técnicas quirúrgicas, la promiscuidad sexual, la radioterapia, el uso de agentes citotóxicos e inmunosupresores, el trasplante de órganos y el progresivo aumento de la edad media de la población, han creado un nuevo tipo de sujeto enfermo: "el huésped comprometido". Muchas de estas infecciones son adquiridas en el propio hospital y constituyen una consecuencia indirecta e indeseable del propio quehacer médico, la infección nosocomial. En el ámbito hospitalario, el 25-40% de los pacientes que consultan al médico lo hacen por enfermedades producidas por microorganismos vivos.
Todo lo anterior ha inducido el desarrollo de nuevos y más costosos antimicrobianos (por ejemplo, antiretrovirales o antifúngicos orales) cuyo conocimiento y utilización correcta es cada día más difícil para la mayoría de los médicos. Su mal uso, junto a un importante aumento de la morbilidad, conlleva gastos elevados de farmacia que comprometen seriamente la viabilidad económica de los sistemas de salud de la mayoría de los países occidentales.
Ante esta situación, es evidente la necesidad de contar con expertos, al menos en los hospitales de primer nivel, que estimulen el estudio y conocimiento de las enfermedades infecciosas, que entrenen al resto de sus colegas en un mejor conocimiento de las mismas y que lideren la investigación en infectología.
La especialización en enfermedades infecciosas no puede apartarse de la medicina interna ya que a diferencia de otras especialidades no existe en ella los límites de órganos o sistemas.
Según Fernández Cruz, la medicina tiene que estar dominada por un sentido eminentemente integrador, el especialista no debe olvidar que la medicina interna es eje central del saber médico, y que las especialidades han surgido no como tipo de sabidurías diferentes, sino como exigencias de la dedicación a la cultura de la habilidad o el conocimiento.
Es innegable que la especialización implica un riesgo de alejamiento del núcleo fundamental del saber de la Medicina Interna. No obstante, la especialización es indispensable.
Marañón expresaba dicha preocupación: "la evolución de la Medicina revela y acentúa el hecho paradójico de que a la medida en que la necesidad de la especialización se hace más notoria y eficaz, se hace asimismo más profunda la necesidad de que todo médico y todo especialista tengan una base de orientación sintética, general, que alcance a todas las ramas de nuestro arte, aun en los más alejados de la actividad habitual de cada uno (...). La especialización, cada día más diferenciada y rigurosa, se refiere a la técnica de exploración y a la de los tratamientos, pero no a la limitación del criterio clínico en general..."