1.7. De una discreta Microbiología española a una pujante situación
En la primera época de la Microbiología, la contribución española a la misma fue solo discreta debido, sin duda, a la situación sociopolítica de nuestro país durante la segunda mitad del siglo pasado. Uno de los pioneros de la Microbiología en España fue V. Llorente y Matas (1857-1916) que trabajó fundamentalmente en la difteria, la peste bubónica y la rabia. Es el creador del Instituto Microbiológico de Sueroterapia que lleva su nombre.
Jaime Ferrán y Clua, nació en Corbera (provincia de Tarragona) y tras estudiar la carrera de medicina en Barcelona, ejerció como médico rural. Montó un pequeño laboratorio en Tortosa y comenzó en él investigaciones sobre vacunoterapia. Acudió comisionado a Marbella con motivo de una epidemia de cólera, logrando aislar el Vibrión colérico y realizar una vacuna con microorganismos vivos, atenuados, que se utilizó posteriormente en la epidemia de Valencia de 1884. Ferrán recoge los resultados de estas experiencias en el libro titulado "La inoculación preventiva contra el cólera morbo asiático" editado en la ciudad del Turia y traducido más tarde al Francés en 1893. Ferrán inició la vacunación antitífica, trabajo en el tétanos y defendió siempre con vehemencia y valor sus investigaciones frente a adversarios poderosos que lograron incluso que se prohibiera su vacunación anticolérica (Real Decreto de 19 de Junio de 1891).
Ramón Turró y Darder (1854-1926) fue discípulo de Ferrán en el instituto de Higiene de Barcelona y trabajó sobre inmunidad, anafilaxia y epidemiología con contribuciones meritorias que logró publicar en revistas francesas y alemanas.
El
interés por la microbiología surgió en España tras
los éxitos de las escuelas francesa y alemana. En 1890 se funda el Hospital
de San Juan de Dios, en 1894 se crea el Instituto Nacional de Bacteriología
e Higiene y ambos se funden en el llamado Instituto Nacional Alfonso XIII que
dirigido por D. Santiago Ramón y Cajal
reúne a científicos como Ruiz Falcó, Rodríguez Illeras,
Luengo, Nájera, Manzanete, Pittaluga y López Neira. En 1920 se
crea el Hospital del Rey en Madrid cuyo primer director fue D. Gregorio Marañón
y en 1914 y como consecuencia de la epidemia de fiebre tifoidea se crea en Barcelona
el Hospital Municipal de Infecciosos.
La Guerra Civil supone en la microbiología, como en todo, una gran catástrofe. Unos pocos hombres sobreviven como pueden durante este periodo y en ellos se basa el resurgimiento de postguerra. En Madrid, Moreno López trabaja fundamentalmente en bacteriología en el Instituto Llorente y Pérez Gallardo en Virología. En Santiago de Compostela, Manuel Pereiro cultiva la micología mientras que en Barcelona, Agustín Pumarola crea el primer laboratorio de virología y estudia con intensidad la leptospirosis.
La última mitad de este siglo se ve iluminada por los primeros servicios de Microbiología en hospitales de la red pública en manos de hombres como el propio Manuel Moreno López en la Clínica Puerta de Hierro, D. José María Alés en la Fundación Jiménez Díaz, D. Amadeo Foz en el Instituto Municipal de Barcelona y D. Gregorio Baquero en el Hospital del Rey en Madrid. En ellos nace fundamentalmente una microbiología hospitalaria y médica al servicio directo de los pacientes en la que la eficacia y la rapidez se convierten en necesidades perentorias. Ellos logran estimular el entusiasmo por las enfermedades infecciosas a los propios clínicos y de esta comunidad de intereses surge la actual microbiología clínica e infectología españolas. El presente se observa con esperanza porque el grado de formación de nuestros especialistas es equiparable al de otros países desarrollados; el trabajo eficaz en equipo y una adecuada estructuración de los mismos nos llevan a metas similares a la de los países desarrollados de nuestro entorno.